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Vivienda y territorio:

Más de la mitad de las viviendas de Vichuquén estaba desocupada: el contraste habitacional de la costa del Maule

  • Lunes 2 de noviembre de 2026
  • 18:32 hrs

El Censo 2024 revela que el 55,7% de las viviendas particulares de Vichuquén no tenía moradores al momento del levantamiento. En Pelluhue la proporción se acercó al 50%, mientras la región registra un déficit de 20.814 viviendas. Son indicadores diferentes, pero su contraste abre un debate sobre segunda residencia, planificación urbana y acceso a vivienda permanente.

La costa del Maule tiene una particularidad que las estadísticas permiten observar con claridad: en algunas comunas, una parte considerable de las viviendas no está habitada de manera permanente.

Según el Censo de Población y Vivienda 2024, el 55,7% de las viviendas particulares de Vichuquén fue clasificado como desocupado. En Pelluhue, la proporción alcanzó el 49,6% y en Licantén, el 40,6%.

La situación contrasta con Talca, donde el porcentaje llegó al 10,3%, y con Sagrada Familia, que registró 7,4%, la cifra más baja de la región. El promedio del Maule fue de 14,2%, superior al 11,9% nacional. Estos porcentajes describen una condición registrada durante el Censo. No significan que las viviendas estén abandonadas ni disponibles para venderse o arrendarse.

Una costa con más viviendas que habitantes permanentes

Vichuquén tenía 4.716 habitantes censados en 2024 y 4.420 viviendas particulares. Pelluhue registró 8.578 habitantes y 7.739 viviendas.

Las cifras no representan una equivalencia entre viviendas y hogares: una vivienda puede alojar varias personas, estar destinada a uso temporal o encontrarse desocupada por distintas razones. Sin embargo, el volumen de inmuebles en relación con la población habitual muestra por qué la planificación de estas comunas necesita considerar algo más que sus residentes permanentes.

Una explicación posible es la presencia de segundas residencias y viviendas destinadas al uso vacacional, fenómeno habitual en zonas turísticas. Pero los datos revisados no permiten establecer qué proporción corresponde específicamente a esa categoría, ni distinguirla de inmuebles en venta, arriendo, reparación o abandono.

Esa clasificación es fundamental para comprender qué ocurre realmente en el territorio.

El otro lado del mapa: la necesidad de nuevas viviendas

Mientras el Censo identifica una proporción importante de viviendas desocupadas en determinadas comunas, el Ministerio de Vivienda y Urbanismo estima que el Maule presenta un déficit habitacional cuantitativo de 20.814 viviendas.

El cálculo se basa en el Censo 2024 e incluye viviendas irrecuperables, hogares allegados, núcleos allegados hacinados y viviendas hacinadas que no pueden ampliarse. Talca concentra 4.549 requerimientos, equivalentes a cerca del 22% del déficit regional. En Licantén se estiman 177, en Pelluhue 120 y en Vichuquén 89.

La comparación debe interpretarse correctamente: Las viviendas desocupadas y el déficit habitacional no son cifras intercambiables. El primer indicador describe la ocupación de los inmuebles durante el levantamiento censal; el segundo estima necesidades habitacionales de acuerdo con criterios técnicos. Por ello, no sería válido concluir que el déficit regional puede resolverse simplemente utilizando las viviendas desocupadas.

La ubicación, propiedad, condiciones materiales, precio y disponibilidad efectiva de esos inmuebles son aspectos que la comparación estadística no resuelve.

El desafío de planificar para dos poblaciones

En comunas como Vichuquén y Pelluhue, las diferencias entre población habitual y ocupación temporal plantean preguntas que trascienden la vivienda.

Los municipios deben planificar servicios de aseo, caminos, agua, equipamiento urbano y respuesta ante emergencias. La demanda por estos servicios podría cambiar durante los meses de mayor actividad turística, aunque para cuantificar esa variación se requieren registros de población flotante y consumo estacional.

La distribución de las viviendas también puede influir en el uso del suelo y en las decisiones sobre infraestructura. No obstante, los datos censales no permiten establecer por sí solos si existe presión inmobiliaria, encarecimiento de los arriendos o desplazamiento de residentes permanentes. Esos efectos deben investigarse con antecedentes adicionales.

Un problema distinto en cada comuna

El contraste entre los territorios muestra que una política habitacional uniforme difícilmente captura todas las necesidades del Maule.

En Talca, el principal desafío estadístico se relaciona con la magnitud absoluta de los requerimientos de vivienda. En Vichuquén y Pelluhue, la elevada proporción de inmuebles sin moradores habituales abre interrogantes sobre ocupación temporal y planificación territorial.

Licantén presenta una combinación que también merece atención: 40,6% de viviendas desocupadas y una necesidad estimada de 6,6 viviendas por cada 100 hogares, superior al promedio regional de 5,1. Ninguno de estos indicadores permite establecer, de manera aislada, una crisis inmobiliaria o una falla de gestión municipal. Pero sí permiten formular una pregunta relevante: ¿están los instrumentos de planificación y los programas habitacionales considerando las diferencias entre comunas turísticas, rurales y urbanas?

La respuesta requiere examinar planes reguladores, catastros municipales, proyectos de vivienda y datos de mercado. El Censo muestra el contraste. La tarea pendiente es establecer qué consecuencias tiene para quienes viven todo el año en esos territorios.